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30 de enero de 2015

Los “yo no soy Charlie” del discurso de gente autoproclamada “de izquierda”

Desde hace unos meses sigo con atención en Facebook las opiniones de un grupo de gente unida por discursos que ellos presentan como “de izquierda” y que deberían revisarlos para adaptarlos a lo que estimo es su verdadera identidad ideológica: la reaccionaria.
Y como estamos en un año especialmente traumático en cuanto a sucesos locales e internacionales y, además, en año electoral, me propuse no dejar de contestar clichés, de mostrar contradicciones graves, y aceptar el debate allí donde me den lugar, con el espíritu abierto al intercambio.
Aunque parezca difícil de creer, el texto que publicara E. M el 20 de enero, contó con varios “me gusta”.
Nobleza obliga, destaco especialmente que E. M no borró mis comentarios de su cuenta, pudiendo hacerlo. Es una actitud valorable más allá de que nuestros posicionamientos ante los temas planteados estén en las antípodas.

Aquí va su texto y, luego, mi respuesta.  

Post en Facebook de E.M (hago un copiar/pegar)
"Charlie Hebdo un pasquin de cuarta, de mal gusto, agresivo y vulgar con un tiraje de 30000 ejemplares pasa a editar 7 millones de ejemplares, de la manera mas increible y fuera de toda logica humana, estetica, de derechos etc, etc. 18 muertos en Francia, y una cantidad mucho màs importante a nivel mundial. Salen a la calle 3 millones de personas para defender la « libertad de expresion » y manifestar el repudio al terrorismo integrista islamico.....
18 muertos = 3 millones de personas en la calle y 7 millones de Charlie vendidos..... de terror!!
Porque no salieron esos 3 millones a manifestar contra el verdadero aparteid que se aplica en los barrios perifericos de paris contra la comunidad munsulmana? porque ahi en esos barrios no todos son integristas, ni terroristas, ahi vive una comunidad que a duras penas llega a integrarse al sistema, alli viven madres, niños, abuelos que nada tienen que ver con toda esa violencia.
Porque no intervinieron hace tiempo en esos lugares donde una minoria trafi'ca la cocaina en toda libertad, iponiendo leyes y pudriendoles la vida a la gente? es esa misma cocaina que se consume en las discotecas, en los clubes privados y en buena parte del medio politico que son el negocio que los mantiene en el poder con el enorme beneficio que genera,
Porque no salen los 3 millones a la calle?
Porque esos 3 millones no salen a manifestar cuando los paises ricos generan miseria economica en los paises mas debiles?
Porque no salen los 3 millones cuando se invaden paises y derrocan gobiernos que rechazan vivir humillados? Porque no salen a manifestar cuando cobardemente se crea caos, miseria y muerte en nombre de los derechos humanos y en defensa de nuestra ejemplar democracia?
Porque no salen los 3 millones a denunciar el robo y la explotacion?
Esa es la democracia que defendemos? Esos son los derechos? Defender y vivir nuestra libertad democratica reventando a los debiles, tirandoles alguna ayuda humanitaria para dar la imagen de ser humanos?.....
Yo tomo la frase de J Brel y la adapto a éste contexto con mucha bronca y grito fuerte Yo meo .!! y recontra meo.... sobre esa falsa democracia!!
No era que Cuba es un estado terrorista? Pero como? Si hoy esos mismos monstruos ya estan armando sus sucios negocios fingiendo traer progreso y bienestar! Hijos de su madre..... si eso digo y repito!!! Hijos de su santisima madre que los pario!!
Asi como trajeron la biblia reventando gente, y un indio boliviano en un momento se las devolvio' diciendoles que no la necesitaban ni a sus dioses tampoco, asi se pueden guardar la supuesta ayuda economica que ofrecen! Porque no devuelven lo robado en tantos siglos de saqueo y que Dios los perdone?
Hoy van a reventar a Grecia también!
Hipocritas asesinos.
Yo no necesito ser Charlie, y defiendo la vida, la libertad y los derechos, esos que respetan los derechos de los otros, el resto es puro verso."
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Mi respuesta
Si bien comparto algunas de las afirmaciones aquí realizadas, no creo que esta mezcla de temas sea beneficiosa para transmitir mensaje alguno, en caso de que esa haya sido la intención del autor.
Vamos por partes.
Charly Hebdo ejerce un tipo crítica socio-política basado en el principio anarquista del irrespeto a todo lo establecido (¿el autor de la nota que comento no se presentaba como “anarquista” hace unos días aquí mismo?), en la iconoclasia, en el anticlericalismo, el ateísmo, en la búsqueda de las contradicciones de los políticos. El método que eligieron para hacerlo es el humor gráfico salaz, donde la procacidad, el mal gusto, la vulgaridad y lo escatológico son la esencia misma de sus plumas. Y en esto coincido con el autor este post. La versión local de Charlie es Barcelona. Hay mucha gente que gusta de este tipo de revista. A mí ni Charlie ni Barcelona me atraen, lo que no me impide defender sin “peros” su derecho a existir.
En los años noventa, uno de los redactores “estrella” de Charlie Hebdo, el maestro de escuela y actor cómico Patrick Font, en sus espectáculos unipersonales televisados tenía monólogos donde relataba con minucia y falsa picardía situaciones que daban la sensación de ser relaciones sexuales con niños y, al final, con un brusco cambio en el relato nos hacía “ver” que se estaba refiriendo a otra cosa. Yo mismo lo vi varias veces en la televisión y, cada vez, me dejaba con una sensación ambigua respecto del tema y el modo con que hacía “humor”. Me chocaba profundamente, pero, en esa época yo también me encontraba entre quienes se decían “y bueno, es de Charlie Hebdo” como si pertenecer a una revista satírica diera el derecho a la disimulada apología de un delito aberrante. Por supuesto que hoy no lo pienso así. En 1996, Font fue  condenado a seis años de cárcel por violación de varias de sus alumnas y atentado al pudor de personas sobre las que tenía autoridad. Dicho de manera criolla: seducía y se encamaba con sus alumnas de más de dieciséis años y violaba a los menores. Lo repugnante fue ‒cuando se supo la noticia‒ que el director de Charlie, Philippe Val y su fundador François Cavanna, lejos de escandalizarse por el hecho, se solidarizaron con su situación “hasta tanto se aclarase en los tribunales”, y dijeron que no harían ninguna caricatura de Font como lo habrían hecho con cualquier otro personaje del mundo político o cultural francés sin esperar decisión tribunalicia alguna. Palabras más, palabras menos, recuerdo que Cavanna dijo algo así como “no vamos a agregarle una pena al pobre Patrick que ya tiene demasiadas”. Millares de seguidores de la revista renunciaron a sus abonos y Charlie vive en jaque económico desde entonces.
Yo no comparto el tipo de humor practicado por Charlie. Sin embargo, lo compré aquella vez que se animó a poner en la tapa a Mahoma diciendo ‒respecto de los terroristas islámicos‒ “es duro ser amado por pelotudos”, tapa que me pareció inteligente y, por una vez, didáctica en una Francia donde nadie se animaba a hablar públicamente de las fuentes islámicas del terrorismo. Esa tapa costó varias vidas y fatwas en diferentes partes del mundo, incluido el occidental.
Por la manera en que E. M redactó el post que aquí analizo, deja la sensación de que no le duele el asesinato de los redactores de Charlie ni de las otras personas a manos de gente que se presentó como de Al-Qaeda y del Estado Islámico. Más aún, hace la sugestiva alusión de que, con el drama, Charlie pasó de vender treinta mil ejemplares a “siete millones” como si los redactores hubiesen programado su propio asesinato en masa para lograr una tirada récord. Y agrega cosas como “de la manera más increíble, y fuera de toda lógica humana, estética, de derechos etc”.
Pienso que no es para nada increíble que luego de semejante masacre y atentado contra la libertad de expresión, la gente manifestase su solidaridad con la revista comprándola de manera masiva para evitar su quiebra, cosa que sí entra ‒felizmente‒ dentro de la “lógica humana”. Lo de “fuera de toda estética” es, por lo menos, subestimador: se comparta o no la ideología de Charlie, sus dibujantes eran verdaderos iconos en la gráfica francesa. Es como si en un atentado aquí hubiesen asesinado a Quino, Copi, Fontanarrosa, Trillo y Altuna juntos. Y en cuanto a los “derechos”, Charlie tenía todos los que derivan de vivir en un país republicano, democrático, de constitución respetada y de leyes que garantizan la libertad de expresión, ese feliz logro de la convivencia social a la cual la izquierda reaccionaria execra cuando le afecta, y la exige por altoparlantes cuando considera que le falta. En democracia la regla es así, y todos debemos adaptarnos a ella. Quien se sienta atacado, difamado o injuriado por la libre expresión de los otros, que recurra a los tribunales y se haga indemnizar.
El escribiente del post lamenta que hayan salido varios millones de personas a defenderla de manera pacífica y respetuosa. Pienso que lo grave hubiera sido lo contrario, que pocos se indignasen, porque se trata de uno de los fundamentos de la sociedad en la que los franceses quieren vivir. Es saludable que una población se una y defienda ‒sin degüellos‒ su manera de vivir en libertad frente a una banda de asesinos que ‒lo dicen los testimonios de sus barrios‒ tenían un conocimiento muy elemental, o nulo, del Corán en nombre del cual mataron. Sí, en cambio, tenían eso: ganas de matar, de elevarse la adrenalina quitándole la vida a representantes de una sociedad que recibió a sus abuelos y les dio el trabajo y la vivienda de los que carecían en sus países. La segregación de la que muchos de ellos fueron objeto es innegable y merece otro análisis. Pero, al final de cuentas, se trataba de franceses que mataron a diecisiete connacionales. Y tomemos también en cuenta que en varios países musulmanes, al expresar su apoyo a los asesinos, se manifestó provocando unos quince muertos, en su mayoría musulmanes. O sea: musulmanes mataron a musulmanes para festejar los asesinatos en París y protestar por las nuevas caricaturas del profeta en Francia.
El escribiente del post tiene una frase digna de analizarse con minucia si su intención no fuese tan manifiesta.
Escribe (hago copiar-pegar): “Salen a la calle 3 millones de personas para defender la « libertad de expresion » y manifestar el repudio al terrorismo integrista islamico..... 18 muertos = 3 millones de personas en la calle y 7 millones de Charlie vendidos..... de terror!!”
¿Qué es lo que pretende al mezclar los tres millones de personas (fueron cuatro y medio en toda Francia según la mayoría de los medios) que salieron a defender la libertad de expresión (como buen reaccionario de izquierda el autor del post la pone entre comillas) y, también, a repudiar al terrorismo islámico, con los “siete” millones de Charlie vendidos y terminar la frase con un “¡de terror!”?
Luego de esa primera mezcla, las otras le salen con más facilidad aunque no tengan nada que ver con la masacre de Charlie: la situación de las comunidades de inmigrantes en el conurbano de las grandes ciudades (aclaro que esa realidad la conozco bastante: yo viví siete años en una “cité” árabo-africana donde para tomar el ascensor había que pararse sobre ladrillos a causa del orín, y estoy preparando un artículo sobre esa etapa de mi vida que publicaré en estos días en mi blogspot), el tráfico de droga, la falta de trabajo y tantas otras cosas donde el Estado francés actuó con negligencia a futuro o simplemente con racismo y hoy sufre las consecuencias. Lo mismo en materia de política exterior francesa en cuanto a su participación en ciertos conflictos bélicos y sus alianzas interesadas con países que no respetan los derechos humanos. Son todos temas para debatir uno por uno. Y también por los que deberían salir a manifestar la gente de todos los países. Ahí acuerdo con E.M.
Sin embargo, el reaccionario de izquierda que escribe este post (que se autorotula “anarquista”), termina con una esperable ristra de ironías e insultos a la democracia que lo educó, lo protegió, y gracias a la cual pudo conocer el mundo entero. Frutilla sobre la crema, era esperable también que, como contraposición a lo que analiza, termine sacando del cofre su tesoro mayor y se regocije con la Cuba hambreada y tiranizada por los Castro. Se queja, por ejemplo ¡de que los gobiernos americano y cubano hayan comenzado a tratar la implantación de sociedades yanquis en la isla que darán trabajo, vivienda y comida a los isleños! Se trata justamente de las iniciativas que los cubanos de la calle esperan desde hace decenios para vivir mejor y... ¡ el autor del post llama al acuerdo “fingir traer el progreso y el bienestar”!
¿No hay una enorme contradicción en el planteo de los temas? Cuando eso ocurre, tiendo a pensar que no se apoyan en análisis serenos y realistas, sino en clichés que pretenden acomodar la realidad a lo que uno piensa o le hacen pensar. De ahí el resultado absurdo, repleto de eslóganes e insultos pero de ninguna proposición que tienda a superar las situaciones que parece cuestionar.
Y termina con una frase que, entiendo, resume su confusión y en la que cohabitan buenas intenciones y reflejos reaccionarios (esos que él cuestiona cuando vienen de los otros):
“Yo no necesito ser Charlie, y defiendo la vida, la libertad y los derechos, esos que respetan los derechos de los otros, el resto es puro verso.”
Veamos el texto frase por frase: “defiendo la vida”: sí, salvo la de los quieren expresarse libremente, en este caso los periodistas de Charlie; “la libertad”: quizá, salvo que se trate de la de los cubanos; “los derechos que respetan los derechos de los otros”: menos mal porque él es el ejemplo más claro de vivir en una sociedad que respeta los suyos, entre ellos el de expresar lo que quiera, con o sin argumentos, con o sin caricaturas, con o sin una reflexión serena sobre lo real, con o sin clichés.
Yo celebro encontrarme en la misma sociedad que él aborrece para poder disentir con algunos de sus planteos y no por eso esperar que la policía me toque el timbre o me retire el pasaporte.

13 de enero de 2015

Los "pero" con que se justifican las masacres de París.

Aún aturdido por el fusilamiento de los redactores de Charlie Hebdo y el atentado en el supermercado judío de la Porte de Vincennes, escribía mis reflexiones sobre las reacciones que estas masacres provocaran en gente “de izquierda”, cuando caí, por casualidad, en este análisis que el español Gerardo Vilches publica en su blogspot.
Dado que comparto su estupefacción, me permito copiar todo su artículo como prólogo o adelanto de los varios que siento urgencia de escribir porque el tema me llega a la médula: viví 25 años en París y sus alrededores, soy naturalizado francés, residí en una de las “cités” más conflictivas de Francia de predominancia musulmana tanto del Maghreb como del África subsahariana, y fui docente varios años en la Universidad de Saint-Denis, que tiene una altísima matriculación de alumnos de confesión musulmana que viven en Francia o bien cursan allí sus estudios. Como docente participé en eventos interculturales y en comisiones universitarias de investigación sobre temas árabes y africanos, lo que me llevó a un intercambio que hoy me permite aportar mi punto de vista -abierto al de todos quienes participen en el debate- para la comprensión de lo que está ocurriendo.
…...........................
PERO. Artículo de Gerardo Vilches, visible en
http://thewatcherblog.wordpress.com/
PERO. En los últimos cuatro días he leído demasiadas veces esa palabra. Normalmente introduciendo una adversativa tras una declaración de buenas intenciones de perogrullo. «Condeno el uso de la violencia PERO». «Estoy a favor de la libertad de expresión PERO». Hablo, claro, de las reacciones al atroz, terrible crimen que varios terroristas cometieron en París y que acabó con las vidas de diecisiete personas, entre ellas cinco dibujantes de la revista Charlie Hebdo, blanco del ataque. En un primer momento, cuando sucedió, me quedé completamente bloqueado. Incapaz de reaccionar, ni mucho menos de escribir sobre lo que había pasado. No quería escribir en caliente, no quería decir cosas en público de las que luego pudiera arrepentirme. Quería tener cierto duelo antes de hablar, porque el dolor en ocasiones no es buen consejero. Y esto me ha dolido muchísimo. Necesitaba distancia y cierta reflexión. Por desgracia, fui de los pocos que pensó así.
Desde el instante siguiente al ataque las redes comenzaron a llenarse de opiniones de personas que resultaron ser expertas en el Islam —aunque confundieran árabe con musulmán; pequeños detalles sin importancia—, en libertad de expresión, en geopolítica en general y en la historia de laCharlie Hebdo en particular. Y así, junto a la farsa habitual y esperable —medios que llevan años secuestrados por intereses políticos y económicos diciendo que ellos también son Charlie, el gobierno deRajoy haciéndose cruces mientras aprueba la Ley Mordaza— he asistido con pena y rabia a un desfile de opiniones lanzadas desde la izquierda, o desde cierta izquierda, o desde ciertas personas de izquierda.
Pienso que hay, en ciertas personas, una necesidad de disentir casi patológica, de ir más allá de la mayoría, incluso de los de su cuerda, de ver lo que nadie ve, de querer ser más papista que el papa: de ser más izquierda que nadie. Normalmente esto conlleva una seriedad exagerada, un ansia de trascendencia que deviene en una superioridad moral tan dañina como la de la derecha más tradicional. Desde arriba, nos juzgan y señalan nuestros pecados. Y se pasan, claro. Creo de veras que cierta izquierda, en esa especie de carrera por ver quién es más abierto, tolerante y respetuoso, han acabado dando la vuelta completa y cayendo en cierto tipo de conservadurismo. Es lo que ha sucedido estos días en torno a Charlie Hebdo.
Obviamente muchas de esas personas ni siquiera conocían la revista previamente. A partir de cuatro portadas que satirizaban el Islam se han formado una rápida opinión para desmarcarse de la corriente y descubrirnos que ahora lo verdaderamente de izquierdas es censurar y poner límites, porque, claro, Charlie Hebdo es una revista islamófoba. Porque satiriza el Islam. Da lo mismo que durante sus cinco décadas de historia hayan disparado a todo y a todos, da lo mismo que tengan multitud de portadas y chistes donde arremeten contra otras religiones, incluyendo la católica. Da lo mismo que hayan cargado abiertamente contra la derecha y contra las políticas xenófobas de la misma, da igual que varios de los dibujantes sean de origen árabe. Han visto una imagen en la que han detenido la mirada tres segundos y eso es suficiente para sentar cátedra.
Criticar el Islam es racista y xenófobo, dicen. Es una falta de respeto innecesaria a las creencias de unas personas. Ok. Supongo entonces que toda esa gente se sentirá fatal cuando Mongolia ridiculiza las creencias de los católicos españoles. Pero no, por supuesto. A esas personas de izquierda les parece bien eso, les parece bien la crítica sin límites a nuestras tradiciones, entienden que eso es progresista, y de hecho ponen el grito en el cielo con cada condena de nuestra deficiente legislación a un humorista. Porque, dicen, la libertad de expresión es sagrada. Cómo ha cambiado el cuento en tres días. De repente, las mismas personas que seguramente compartirían entusiasmados viñetas de El Papus de los años setenta cargando contra la Iglesia, los mismos que quizás sin saber su procedencia hayan aplaudido antes alguna portada de Charlie Hebdocrítica con Franco— por ejemplo—, nos dicen que libertad de expresión sí PERO.
Nos estamos equivocando terriblemente. En serio. Si ése va a ser el discurso, si la izquierda va a ser así, perdón pero yo me bajo. Esto no es ser de izquierdas, o al menos no es la idea que yo tengo de ser de izquierdas. Primero: la oración «Estoy a favor de la libertad de expresión» debe ser simple y terminar con un punto. No admite matices. Si los tiene, entonces ya no es libertad. Si consideras que una cosa es la libertad de expresión y otra faltar al respeto, entonces no has entendido absolutamente nada. La libertad de expresión incluye la posibilidad de faltar al respeto. Porque si tenemos que respetar las creencias, entonces tenemos que respetarlas todas; incluso las absurdas o las que sólo sostiene una persona. Lo cual equivale a decir que no podemos reírnos de nada. Pero si la cuestión es que alguien considera que no puede satirizarse una religión porque es la que profesa un pueblo oprimido, entonces vamos todavía peor. Primero, por el paternalismo etnocentrista de quien está intentando ser más tolerante y multicultural que nadie. Y segundo, porque precisamente es la versión dura de esa religión la que está oprimiendo a millones de árabes. Musulmanes o no, religiosos o no. Estáis errando el tiro: no es con el radicalismo y el fanatismo con el que debéis ser tolerantes. No son «sus costumbres»; es un sistema de control totalitario y asfixiante que está matando, sobre todo, árabes. Que oprime a las mujeres, que castiga la disidencia, que tortura. Que hace todo lo que aquí hemos luchado, desde la izquierda, por erradicar. Y ahora, por no querer pecar de lo que con acierto denunciáis en la derecha, por no dar pie a que nadie dude de vuestro respeto a otras culturas, estáis comulgando con ruedas de molino. Ruedas de molino peligrosas, además. Y se cae en una esquizofrenia cultural llamativa: se defiende el velo porque las monjas también llevan la cabeza cubierta y al mismo tiempo se critica la iglesia católica por relegar a las mujeres a ese rol. Se exige el laicismo para nosotros pero se respeta el integrismo para ellos. Sólo que ya no hay un nosotrosseparado de un ellos. No me extiendo aquí porque me faltan conocimientos y porque precisamente ayer leí, vía Pepo Pérez, este artículo de Ilya U. Topper al que os remito, porque creo que expone la cuestión con claridad cristalina.
No es una cuestión cultural. Se trata de opresión y tiranía. Y, creedme, a nadie le gusta ser oprimido. Pensaba que eso sí lo teníamos claro. Si ante la prohibición de dibujar a Mahoma la respuesta es no dibujarlo, entonces han ganado los opresores. «¿Por qué molestar?», se preguntan algunos; «De acuerdo, a favor al cien por cien con la libertad de sátira deCharlie Hebdo, pero si sabían lo que podía pasar, para qué arriesgarse?». El argumento del miedo me apena más incluso que el anterior, que más bien me cabreaba. «¿Qué necesidad hay de provocar? Hombre… seamos juiciosos». Tanto darle vueltas a los límites del humor y de la libertad de expresión para llegar a la conclusión de que el límite está en las pistolas. Así de triste. Di lo que quieras pero si te pueden pegar un tiro, cállate. Esto no me lo estoy inventando, ni estoy haciendo parodia: son comentarios que se escuchan y leen en estos días, dichos por gente supuestamente tolerante y abierta. «Se lo han buscado», «Ya sabían el riesgo que corrían». El argumento de ser tolerante con la intolerancia porque las consecuencias pueden ser sangrientas es, lo voy a decir claro, aterrador. Supone una derrota absoluta, en mi opinión, de unos valores y una ideología que debería buscar todo lo contrario: la valentía, el arrojo, la lucha por lo que se cree. Si nos metemos con unos porque no nos ponen bombas pero con los que sí lo hacen nos callamos, hemos perdido. Y ellos han ganado. Es un argumento que, tristemente, he tenido que ver cómo sostiene alguien por lo general tan lúcido como Joe Sacco, que para mi sorpresa toma la parte por el todo y se cuestiona si no tendríamos que respetar la exigencia de unos fanáticos para no molestar a millones de personas.
Pero, ¿sabéis? Quizás la pregunta sea lícita. Hablamos de vidas, es cierto. Hemos vivido días terribles. Charb, Cabu, Honoré, Tignous yWolinski han muerto por dibujar. Otras doce personas ha sido igualmente asesinadas, supongo que, según los que intentan justificar en alguna medida lo que ha sucedido, por pasar por allí. Los cinco dibujantes habían «provocado»; ¿qué había hecho el resto, según los que argumentan con esos PEROS? Da igual, no quiero entrar en eso. Quiero hacerme preguntas.
¿Por qué se arriesgaron? Es cierto. ¿Por qué se arriesgaron a dibujar a Mahoma si sabían que los podían matar?
¿Por qué El Papus se reía de la ultraderecha si sabían que les podían poner una bomba?
¿Por qué negarse a pagar el impuesto revolucionario a ETA si sabes que te pueden pegar un tiro?
¿Por qué exigir democracia si te pueden torturar en una comisaría?
«Por qué los negros pedían derechos si sabían que el Ku Klux Klan acechaba?
¿Por qué no se quedaron en su casa Martin Luther King, Nelson Mandela o Malala Yousafzai?
¿Por qué hablar, por qué arriesgarse?
La respuesta es sencilla: porque nadie más lo hacía.
Mientras los demás sucumbían al miedo o eran víctimas de su propia confusión, los autores de Charlie Hebdo no cedieron. No se dejaron silenciar por la violencia, no rebajaron ni un ápice su sátira feroz contra quienes pretenden oprimir y recortar la libertad. No dejaron nunca de ser dignos de una tradición satírica profundamente francesa, que hunde sus raíces en el siglo XIX, en las figuras de autores como Honoré Daumier: tal vez él también debería haberse abstenido de caricaturizar el rey, y se habría ahorrado la cárcel.
El humor es libertad absoluta. El humor ofende, por supuesto que ofende. Para eso está. Para señalar al poderoso, para denunciar la injusticia, para gritar allí donde los demás callan. Para jugársela, por todos nosotros. También por los que tuercen el gesto, también por los que opinan que va «demasiado lejos». Ahora todos son Charlie Hebdo. Pero no es cierto. La mayoría callamos mientras ellos se la jugaban, mientras se ponían conscientemente en el punto de mira porque lo contrario era la derrota que, tal vez, estemos viviendo estos días. Hago mías las lúcidas palabras de Isaac Rosa en el homenaje de Orgulo y satisfacción: «“Yo soy Charlie”, repetimos todos estos días. Pero qué va. Charlie eran solo unos pocos, los que se jugaron la vida». Así es. No soy Charlie, no me atrevería a decir que lo soy, porque no tuve el valor de hacer lo que ellos hicieron. Ahora, lamentablemente, tenemos que asistir al juicio desinformado a su labor por parte de quienes se dicen defensores de la libertad. Y tenemos que ver cómo una ultraderecha a la que siempre atacaron capitaliza su tragedia, y cómo gentes que querrían prohibir la sátira contra sus creencias proclaman la libertad de expresión para criticar las de enfrente.
No hay que estigmatizar a quien elige no jugársela. Pero tampoco podemos criminalizar a quien sí tiene el valor para ello, porque es perverso. Y quiero decir para terminar que estoy lleno de dudas. Cada vez más. Y que por eso me asombra que muchos tengan perfectamente claro y ordenado el mundo en su cabeza y puedan juzgar con tanta alegría unos hechos y a unas personas desde el minuto uno. Me maravilla tanta certeza en un mundo tan complejo; ojalá yo tuviera tanta seguridad ideológica, ahorra muchos disgustos. Pero sí creo tener algo claro: como sociedad no podemos ceder. Si lo hacemos, si dejamos de hacer humor no ya para no herir susceptibilidades, sino para que no nos vuelen la cabeza, esto no terminará nunca. Será la mayor victoria del terror, y el mayor fracaso de todos los que queremos libertad, de cualquier parte del mundo. Y será el peor favor que hacerles a los millones de árabes que son las primeras víctimas del fanatismo, por añadidura. Pero no puedo ser optimista. No con lo que estoy presenciando. La corrección política es peligrosísima; no sabéis cuánto. Deviene en un nuevo conservadurismo que rápidamente se volverá en nuestra contra. Ya lo está haciendo.
Charlie Hebdo: gracias. Lo siento. No os merecéis las balas; tampoco os merecéis tanto PERO.